Las instalaciones de energías renovables son cada vez más comunes en el mundo. Aunque sus beneficios ambientales y sociales con respecto a otros sistemas convencionales son innegables, también es cierto que su instalación genera un impacto sobre el suelo. Esto ocurre debido a la necesidad de realizar movimientos de tierra para su instalación y permitir el acceso a la zona de los materiales y la maquinaria para instalar las redes de transporte de energía eléctrica.

Las instalaciones de energías renovables son cada vez más comunes en el mundo. Aunque sus beneficios ambientales y sociales con respecto a otros sistemas convencionales son innegables, también es cierto que su instalación genera un impacto sobre el suelo. Esto ocurre debido a la necesidad de realizar movimientos de tierra para su instalación y permitir el acceso a la zona de los materiales y la maquinaria para instalar las redes de transporte de energía eléctrica.

Integración paisajística y medio ambiente

Mediante técnicas de control de erosión y revegetación, se pueden mitigar y restaurar los impactos producidos. A su vez, en el caso de las instalaciones de energía solar, la revegtación de las superficies ayuda a reducir los constes de mantenimiento derivados del polvo. Este proceso de sedimentación del polvo sobre las placas solares minimiza su rendimiento y, por eso, la reducción y control del polvo que ofrecen las coberturas vegetales tiene beneficios importantes durante el proceso de la instalación.

Gestión de aguas pluviales

En especial, las instalaciones de energía solar generan grandes flujos de agua de escorrentía que hace necesario evacuar el área de operación. Para ello, se pueden generar canales revestidos con mantas orgánicas, mallas volumétricas o geocélulas dependiendo de su geometría y condiciones hidráulicas